Feliz 2010
Este año 2009 que está en sus últimos cartones (¡Bingo!) merece una reflexión diferente.
Hemos derrochado estupor ante la estampa de nuestros gobernantes salvando al sistema financiero como si fuera el soldado Ryan. Con el dinero que han dilapidado en tan noble empeño da para acabar con el hambre en el mundo una docena de veces, según dicen.
También se ha disfrutado mucho con los sucesivos fracasos de unas cumbres medioambientales que solamente benefician a los mismos altos jerarcas, por darles la excusa perfecta para pernoctar en hoteles de gran lujo, agasajarse unos a otros en los mejores restaurantes y, en ocasiones, yacer con hembras placenteras. Todo ello a costa del mismo hambre del párrafo anterior.
[Y que conste que no justifico por ello el estacazo en los dientes...]
Personalmente, no me alegro ni un poquito de los excesos de razón que me asisten por haber escrito cosas como:
- Que los pisos no podían subir eternamente,
- Que la burbuja inmobiliaria se tenía que pinchar alguna vez…
- Porque alguna vez se acabaría el campo disponible para su alicatado hasta el techo.
- Que los bancos no podían seguir ganando eternamente un cuarenta por ciento más que el año anterior,
- Que las oligarquías energéticas seguirían contaminando hasta acabar con el planeta,
- Que nadie pararía los pies a los nuevos nazis que han hecho del tira de la cuerda su modo de vida,
- Y tal, y tal, y Pascual.
Me miraban como a un bicho raro los que cantaban “the world will never change, my friend” sin darse cuenta de que el final de la estrofa decía “but that was yesterday”… ¿Se acuerdan de Magna Carta los cuarentones?
El día que vengan los extraterrestres (como en el tostón cinematográfico “Ultimátum a la Tierra”) puede que consigamos convencer a los hombrecillos verdes de que tienen que darnos otra oportunidad. Pero si es así, en el mismo día que se vayan, en el mismo minuto, volveremos a la tarea de contaminar y destrozar el planeta, matar de hambre a los desfavorecidos, generar pobreza en muchos para atesorar riqueza en el bolsillo de unos pocos… y tal, y tal, y Pascual.
Así que me permito soñar, para mis queridos lectores, con la madre de todos los deseos.
- Que en 2010 desaparezca la avaricia que envenena el sistema financiero y, por extensión, el tejido empresarial.
- Que ningún propietario de empresa se compre el Q7 a costa de dejar familias en el paro.
- Que ningún ejecutivo agresivo de la banca se empeñe en seguir profundizando en la desigualdad.
- Que desaparezcan los mercados de opciones y futuros, que son el origen de la crisis.
- Que no sigamos esclavizando al tercer mundo para tener productos baratos en el primero.
- Que prevalezca la necesidad de no contaminar por encima de la de dar beneficios al accionista.
Porque este año 2010 que empieza necesita deseos diferentes.
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Los que te seguimos (desde el más absoluto silencio, en mi caso) ya habíamos migrado de blog

No veo excesivamente grave la libertad que se ha tomado usted de notificarnos vía mail. Si hemos de aguantar toneladas de powerpoints navideños tan cursis como hórridos que nos envían nuestros amigos, resulta casi de agradecer que por una vez el spam tenga utilidad
En cuanto a sus sueños para el 2010, ojalá no tuviera que escribir esto, pero me temo que, una vez más, quedarán en sueño. Ya están anunciando un nuevo mercado de opciones y futuros sobre la base de ¡¡los seguros de vida!! Qué fantástico. Asesine usted a su vecino por el bien de esos bonitos bonos que le hacen sentir nuevo rico y que le rentan la nada desdeñable suma de 137 euros al año.